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11 NOV

LOS CERDOS EN LA PREHISTORIA

(Dra. Marina Mosquera, URV-IPHES) Para The Farm Revolution

 

Los cerdos pertenecen al superorden de los mamíferos ungulados (es decir, que caminan con la punta de los dedos, normalmente revestidos de pezuñas), al orden de los artiodáctilos (poseen un numero par de dedos, de los cuales apoyan en el suelo al menos dos), a la familia de los suidos (Suidae), al género Sus y a la especie scrofa. La palabra “cerdo” supone que se trata del grupo doméstico, por lo que su morfología y tamaño corporales, esqueléticos, mandibulares y dentales son diferentes de los de sus parientes salvajes, los jabalíes. Por tanto, su nombre completo sería Sus scrofa domesticus. A su vez, el término “jabalí” procede del árabe “ǧabalī”, que significa “montañoso”.

 

Los jabalíes tienen varias particularidades. La primera es que sus caninos son de crecimiento continuo, por lo que esos dientes crecen a lo largo de la vida del animal. A esta característica se la llama hipsodoncia. Así, a mayor tamaño de los caninos, más edad del individuo. Este fenómeno biológico es normal en herbívoros, ya que su dieta vegetal desgasta mucho la dentadura, porque las plantas contienen partículas de sílice en su estructura. Pero la hipsodocia no en común en omnívoros como los jabalíes. La otra particularidad es que, al parecer, es uno de los cuatro únicos mamíferos que han sufrido una mutación genética que le protege del veneno de las serpientes. Los otros cuatro son el erizo, la mangosta y el tejón melero.

 

jabalíes cerdos en la prehistoria

 

Los suidos se encuentran en número muy escaso en Europa alrededor de hace 2 millones de años (Ma), en algunos yacimientos paleontológicos como Fonelas (Granada). Naturalmente, estamos hablando de suidos salvajes con características morfológicas muy anteriores a los actuales. Según las investigaciones, existe un vacío de estos animales en los registros paleontológicos y arqueológicos, que duró unos 600.000 años, entre 1,8 Ma, hasta que vuelven a aparecer en el yacimiento de la Sima del Elefante (Atapuerca, Burgos), hace 1,2 Ma. Parece ser que el género y especie Sus scrofa, tal como lo conocemos actualmente, ya está identificado en Europa hace 1 Ma.

 

A partir de ese momento, restos óseos del género Sus han sido recuperados de numerosos yacimientos europeos, lo cual quiere decir que hacia esa fecha su presencia se generaliza en todo el subcontinente. Cuando los suidos se encuentran en un ecosistema suelen ser muy abundantes entre la comunidad de grandes mamíferos. La clasificación como pequeño, medio o gran mamífero depende del tipo de animales que se encuentren en un hábitat. Por ejemplo, en un entorno en el que no haya ciervos o caballos salvajes, seguramente el jabalí -que suele pesar entre 50 y 100 kilos- deba considerarse un gran mamífero. Por el contrario, en entornos en los que hay elefantes, rinocerontes, bisontes, caballos, ciervos, y otros, el jabalí pasaría a ser de talla media, como es el caso de la Península Ibérica hace 400.000 años.

 

Los suidos son muy abundantes porque son omnívoros y porque tienen una estrategia de reproducción muy exitosa, en la que a sus cortos periodos de gestación hay que sumar el elevado número de crías que tienen. Ambas características les confieren un enorme potencial de colonización de nuevos y diferentes territorios y hábitats. Y, a la vez, esta omnipresencia y abundancia facilita que sus restos se conserven en los yacimientos arqueológicos y paleontológicos.

 

Sin embargo, y pese a su gran capacidad de adaptación, los suidos no toleran temperaturas extremadamente bajas, lo que sugiere que su colonización de Europa debió llevarse a cabo durante periodos geológicos relativamente benignos, como ocurre hace alrededor de 1 Ma. De hecho, los jabalíes están presentes en el Norte de África, en Asia y en toda Europa, excepto en Escandinavia. Además, fuimos los humanos los que introdujimos este animal en Norteamérica y en Nueva Zelanda.

 

Como decíamos, los jabalíes se encuentran en numerosos yacimientos prehistóricos, desde hace 700.000 años. Junto con rinocerontes, caballos, bisontes y ciervos cazados por las diferentes especies de homininos que han poblado Eurasia y el Norte de África, los suidos han formado parte de la dieta humana desde hace centenares de miles de años. No obstante, existe la particularidad de que, hasta tiempos relativamente recientes, es decir, a partir de unos 15.000 años antes de ahora, los suidos nunca han sido objeto de especial atención para los grupos humanos cazadores-recolectores de la Prehistoria antigua. Es decir, aparecen en los registros de las excavaciones de los yacimientos prehistóricos, pero en un número muy bajo. Eso quiere decir que estos animales nunca fueron objeto de interés de las comunidades humanas hasta hace relativamente poco tiempo. Por ejemplo, en ninguno de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, que contienen un millón y medio de años de historia de nuestro género, los suidos han sido animales frecuentes, sino francamente residuales.

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Sin embargo, hace alrededor de 30.000 años, los Neandertales del sur europeo empiezan a fijarse en los jabalíes, posiblemente condicionados por la incipiente recesión de las megafaunas -como elefantes, rinocerontes y bisontes- y el aumento de animales de talla grande, mediana e incluso pequeña, representados estos tamaños por los caballos, los ciervos, los propios jabalíes, las cabras y los conejos. Así, en el yacimiento gibraltareño de Gorham’s Cave, se han podido recuperar hogares, instrumentos líticos y restos de jabalíes, conejos, delfines, pájaros, tortugas, peces y piñones, consumidos por los Neandertales que utilizaron la cueva.

 

Sin embargo, el verdadero protagonismo de los suidos no está en épocas Pleistocenas, sino en el Holoceno, Era en la que nos encontramos desde hace unos 10.000 años. El Holoceno comenzó con un calentamiento climático importante que hizo desaparecer los grandes animales terrestres de gran parte de los continentes, por lo que los más pequeños reemplazaron a estas grandes faunas en la mayor parte del planeta.

 

Excavaciones arqueológicas muy interesantes que se han llevado a cabo en la cultura Jömon -cazadores-recolectores japoneses que vivieron hace entre 16.000 y 2.400 años- han mostrado numerosos enterramientos de perros, que indica que los canes -domesticados posiblemente hace 20.000 años- ya jugaban un papel esencial en la caza, por lo que se les honraba con ritos funerarios especiales. Pero además de los enterramientos, los arqueólogos descubrieron que los cazadores-recolectores habían representado en arcilla figuras de perros acorralando jabalíes. De esta manera, los arqueólogos concluyen que los perros constituyeron una auténtica tecnología de caza, como lo son ahora, de cara a acorralar o guiar hacia los cazadores animales agresivos y enormemente rápidos en la fuga, como son los jabalíes.

 

Es curioso cómo este animal llegó a tener una relevancia especial en algunas áreas, como por ejemplo en los montes Zagros (Irán e Irak), donde se ha localizado un asentamiento humano con evidencias de prácticas gastronómicas rituales relacionadas con los jabalíes. Se trata del yacimiento de Asiab, datado en alrededor de 9.500 años antes del presente, donde se excavó un pozo en el que se depositaron 19 cráneos de jabalí perfectamente dispuestos y sellados. A muchos de los cráneos les habían extraído los caninos, seguramente como trofeo.

 

Pero no es hasta su domesticación, que los suidos toman un verdadero protagonismo. Como todo proceso de domesticación, no debió de ocurrir de súbito, sino tras un largo periodo de manejo y gestión de las piaras salvajes en entornos controlados por los humanos. Es posible que esta gestión comenzara con la alimentación con productos recolectados y especialmente interesantes para los jabalíes, en áreas específicas del territorio, de manera que a largo plazo los animales se acostumbraran a la presencia humana.

 

Este fenómeno parece haber tenido lugar hace aproximadamente 9.000-10.000 años, en el Neolítico, en dos áreas del planeta distantes: Anatolia (parte de la actual Turquía) y China central. Y tras la domesticación, los cerdos acompañaron a los primeros ganaderos y agricultores neolíticos en su expansión por Europa y Asia.

 

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